14 de abril de 2013

Lo siento.

Decido entonces abrir los ojos y querer ver dónde me encuentro. Dónde. Esa palabra. Imposible respuesta a una jodida palabra. Me siento incapaz de responder. ''Ni para eso'', pienso.
Intento mirar a mi alrededor y sólo veo mierda. Sí, mierda. ¿Qué me hace feliz? ''Intenta conocerte, idiota'', me repito.

Hoy me siento tan débil, que hasta el simple aire puede pisarme, y siento que lo hace; que ya lo hacía desde hace mucho tiempo, pero no dolía; era fuerte, una niña.

Intento mirarme veinte mil veces al espejo y trato de darme cuenta de la realidad, de qué veo. Siento una fuerza que me repele de él. Una fuerza llamada 'Miedo'. Así se llama. Lo veo. Él hace que me aparte, hace que actúe como si fuéramos dos polos iguales, que se repelen.
A pesar de ello, me enfrento al espejo y a Miedo. ¿Por qué tan crueles? ¿Por qué yo? ¿Qué me ha pasado? ¿Qué nos ha pasado? ¿Por qué? Intento responderme pero abandono, me es imposible.

Miro hacia atrás y veo a una chica hace dos meses que trataba de ayudar a todo el mundo, sonreía siempre, aunque le doliera todo por dentro.
Vuelvo a mirarme ahora y entiendo aún menos qué ha pasado.

Entonces es la hora, caen. Una detrás de otra, recorriendo exactamente el mismo camino, ocupando el mismo espacio; del ojo hacia donde quieran llegar. Parece hasta estar ensayado, y quizá sí, pero, ¿quién lo sabe?, ¿quién se fija?

Si tengo que decir algo, sólo me sale un 'lo siento'. ¿Por qué? Seguro que es por algo, no hagas que le dé más vueltas, sólo acepta esas dos palabras.
Lo siento.

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